Parasitosis

Ganadora del III Concurso de Cuento de Voz del Narrador.

El agotamiento no facilita levantarme. Estoy cansado, ahora de escuchar, antes de pensar. El café recién hecho indica que es hora de alistarme o llegaré tarde… otra vez.

Mientras me visto inunda mi mente la misma pregunta de hace varios meses: hoy cómo calmaré su voz.

Durante mucho tiempo se me ha complicado entender cómo las personas expresan tantos sentimientos, tan solo con una mirada, media sonrisa o levantando una ceja. He aprendido a fingir, imitando sus acciones, pero para él no es suficiente ni siquiera la explicación de toda mi vida.

Pensé primero que tal vez me quería enseñar a sentir otra cosa que no fuera indiferencia, pero mi conclusión que solo quiere saciar su curiosidad, o no.

Del cuarto al baño, viceversa y a la cocina, de prisa. No quiero entretenerme viendo el resto de la casa, todo en silencio. En la oficina veo en los rostros gestos de cordialidad, alegría y fatiga; este último es el mío, es lo que reflejan las ventanas. Me observo siempre que puedo para comprobar que estoy solo, hasta que, en la recepción, creo que me dieron los buenos días. Ella te sonrió, pero sintió enojo porque no le respondiste. De día también me torturará.

Al oírlo, disimulo. Aprendí a hacerlo porque no sabía en qué momento hablaría. Ya ni siquiera me pregunto si otras personas lo oyen, pero podrían encubrirlo o enloquecer más rápido que yo.

Como no vuelvo a tener contacto con otra persona no lo escucho. Hasta la hora de comida, cuando llega el repartidor y entrega mi pedido: agradeció inclinando la cabeza, pero te maldijo porque no le diste propina. Inhalo, ni siquiera pruebo bocado. Agradezco que tengo auto, rumbo a mi departamento no tengo que oírlo explicándome que significa cada gesto. No lo necesito, pareciera que él sí.

No quiero ver televisión para que no hable, mejor música, el sonido del saxofón de Jeep’s Blues hace que relaje mis hombros, terminaré con otra botella de Reservado. Si bien no dejaré de oírlo, podré conciliar el sueño.

Empecé con lo que creí que era sonambulismo, amanecía sentado en mi estudio, una hoja de papel cada vez con más trazos detallados por las mañanas. Fue mi rostro el resultado, acompañado de un: por fin uno que logra terminar.

Empeoró, aumentando la cantidad de dibujos, unos días cabezas sin rostros, para después: remarca las arrugas de su frente porque está molestoTienes casi, que desaparecerle los labios, los aprieta porque esta frustrada y contiene el llanto. Las ilustraciones de miles de rostros reposan en el piso, paredes y hasta el techo. Me explica cada uno de los sentimientos de personas que no conozco.

En una de mis comisiones noctambulas, no podía o ya no quería seguir con eso, estropee los trazos, sentí la frustración como si fuera un fracaso personal. Apareció frente a mí la cabeza de la mujer que debí dibujar, levanté la vista, un cuerpo no la sostenía, pero al final mi cara deformada por el enojo me reprendió: esto es lo que tienes que lograr. Alarmado levanté mis manos ya que me percibí desde esa altura sin cabeza.

Hoy mejor me reportó enfermo, no quiero una explicación de qué hay detrás de cada una de las facciones. Pienso en si lo satisface torturarme, si se alimenta de mi cansancio o en el mejor de los casos solo enloquecí. Pasé de la cama al sillón, dormito. Un par de caras aparecen frente a mí.

—¿Qué sienten? —Inerte la voz inunda el lugar.

—¿Quiénes son? Ni siquiera entiendo lo que dicen.

—No necesitas saber lo que dicen para saber lo que sienten.

—Pues están discutiendo, están enojadas.

—¿Qué más? —Exaltado contesta.

—Espera, una de ellas con rabia contiene el llanto.

Enmudecen, para después solo flotar como si estuvieran dormidas. Se manifiestan más y más, pero todas están iguales. Una aparece sobre mi mesa de centro, abre sus ojos, está tranquilo, pero siento nostalgia, empieza a llorar. Pero no dejes que todas se le escurran, tómalas para que experimentemos juntos.

Impacientado y con lágrimas despierto. Los dibujos, aunque detallados solo me producían curiosidad, esta vez además de sentirlos parece que le ayudo a él a comprender o hasta disfrutar. Ellos me verán igual, me miraban como si yo fuera él, yo solo soy espectador y víctima, al igual que ellos. Quiero saber si soy el único o por qué me eligió.

Duermo todo el día, estoy hastiado, despierto y ya es de noche. Si seré prisionero otra vez al menos lo haré ebrio, en mi cama todo el fin de semana. Estoy tan exhausto para defenderme, más bien no puedo hacerlo de “una voz”. Si muero nada me asegura que descansaré de él, pero si me quisiera muerto no hubiera pasado tanto tiempo.

Ansioso concilio el sueño. No es mi departamento, pero hay una silla, estoy sentado en algo, respiro, el ambiente inoloro, fresco. No estoy amarrado, silencioso y oscuro, me levanto para recorrer el lugar.

—No te muevas, ya casi iniciaremos —Indiferente me contesta de inmediato.

—¿Iniciar qué?

—Me has sido útil, no lo arruines. Ya no eres el único aquí, así que no puedo responderte, además necesito que seas tú, curioso y tranquilo.

Mis pies se sienten mojados y fríos, la humedad asciende hasta mi cabeza donde advierto la presencia de varias personas, por lo que sienten: desolación, depresión, energía. Alguien es apasionado, otra ríe.

—¿Me escuchan? ¿Necesitan ayudan?

Siento por fin empatía, quiero ayudar a las que sufren, pero no creo que él les haga daño.

—En efecto yo no los perjudico, aún, solo quiero sentir lo que ustedes sienten, me has dado la suficiente energía para alcanzar a cientos de personas, ahora sigue indagando, tu curiosidad se ha vuelto la mía. Quiero descubrir cómo ser omnipresente y que sentimiento me da más poder, para provocárselos después.

Con mucho esfuerzo abro mis ojos, estuve ahí todo el fin de semana. Se llevó mi vitalidad. Me sigo preguntando por la gente, no estamos a salvo, estos días o todo el tiempo que él ha existido y alimentado de nuestras emociones. Nadie lo ha detenido, pero como puedes intentarlo si acaba con tu vigor o solo a mí que lo hecho alcanzar a más.

Inicio mi semana, necesito acabar con esto. En todo el día no me habla. El trabajo no me permite poner en orden mis ideas, no ha hablado. En casa voy al estudio para buscar en los dibujos un indicio, pero está limpio. Con mis músculos tensos por la confusión y el terror de que pueda ya estar en mi realidad o que todo fuera una alucinación, después de dos botellas de vino me obligo a dormir para descubrirlo. Un par de días, no hay voz ni sueños, laxo trabajo, como y duermo normal.

Sin alcohol yazco, para estar en medio de todos los sentires, son muchos más que la vez anterior. Por fin lo ubico entre todos ellos. Como él no siente nada, hay un hueco sobre mí, por eso la sensación se eleva. Pero sigue siendo intangible.

—Es bueno que comas y no bebas alcohol. Sano puedo ampliarme —Creo que fue sarcástico.

—¿Fuiste irónico?

—Claro, tú me lo enseñaste. Es divertido, pero la confusión es más deliciosa. Hasta que llegas al miedo, pero es efímero por…

—¿Ellos te escuchan o sienten? —Lo interrumpo.

—Creo que encontré otros como tú, pero algunos no soportan el entrenamiento y muertos no sirven de nada.

Despierto más acabado, estuve más de tres días y noches con él. De nuevo busco recuperarme. Cinco días tranquilos, sé que me deparan los otros. Están sucumbiendo, volviéndose locos o suicidándose. Pero a mí me necesita vivo o más bien sobreviví, desde la primera vez que lo escuché, lo negué. Toleré en el día sus intervenciones y en los sueños sus caprichos de dibujos. Hasta llegar a las concentraciones semanales. Deja que me recobre para utilizarme.

Ya no quiero ser usado. Estoy confundido y eso lo saborea, no puedo morir, porque tal vez no lo acabe.

—¿Qué haces? —Asustado grita.

—Pensaba en matarme para retrasar tus planes, pero ahora yo degusto tu desconcierto, ¿qué sientes?

—Tu dolor y como pierdo fuerza, ¡Para de hacerlo!

Fue lo último que le escuché decir cuando desperté en el hospital por intentar suicidarme. Mientras no averigüe como acabar con él evitaré que se alimente de otros y por estar tanto tiempo conmigo por fin podrá sentir algo por sí solo.

Pseudónimo: Khepri


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PARASITOSIS | Ana Beatriz Márquez Gutiérrez

Ana Beatriz Márquez Gutiérrez (Ciudad Juárez, Chihuahua, 1991). Bióloga de profesión. Trabaja como consultor ambiental. Gusta de la lectura desde primaria. Fanática de los géneros de terror, suspenso, novela histórica y científica. Apasionada también por los insectos y la Historia.

Participaciones en:

“Primera Antología de Escritoras Mexicanas” (2020) que realizó EscritorasMx y la Editorial El Nido del Fénix, con el texto titulado Perfecta.

“Antología hispanoamericana contemporánea de Terror TDE” (2020), con Vassago.  (Editorial Tinta De Escritores TDE).

EBook: “En mi destierro: antología de una pandemia” (2020), con Realidad.

“Tentaciones de Eros: Antología Hispanoamericana Contemporánea” (2022), con La tentación del diablo (Editorial Tinta De Escritores TDE).

“Pesadillas de un futuro incierto” Terror distópico (2023), con Para paladares finos (Editorial Alas de Cuervo).

4 comentarios en “Parasitosis”

  1. Roberto Ramos Rodriguez

    Ana Beatriz felicidades por esta distinción. Me alegra mucho que hayas obtenido este premio. Saludos desde Nuevo Laredo Tamaulipas.

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